martes, 7 de octubre de 2014

Mas que una reflexion sobre... mejor la música

El General era el dueño de las vidas y las muertes, amaneceres y anocheceres, por lo menos así parecía hace muchos años en Dominica o en la república imaginaria de García Márquez cuando a inicios de los 70´s se propuso escribir una novela del dictador para demostrarle al anciano Asturias como se escribe una novela de dictador, o por lo menos eso cuenta la leyenda. Una novela sobre el poder, sobre el trópico y el amor. Novelas que escribió también Roa Bastos, Carpentier y que años después escribiera Vargas Llosa sobre la vida del dictador Trujillo.





jueves, 10 de octubre de 2013

Leer a Alice Munro

¿Acaso Del Jordan, la narradora del libro Lives of Girls and Women (1971) de Alice Munro, podría tener el mismo rostro de la Sissy Spacek de Badlands (1973)? A juzgar por la caratula de la edición de Penguin Canada (Modern Classics) del 2005, donde se le ve a Del mirando desde dentro de un carro, la respuesta podría ser irrefutable, o solo una coincidencia en el tiempo y el espacio de estos dos universos creativos: Alice Munro por un lado y la trágica historia contada para el cine por Terrence Malick en Badlands por el otro.

Sissy Spacek (Badlands, 1973).

Lives of Girls and Women (Alice Munro, 1971).
Portada de la edición de Penguin Canada 2005.

viernes, 28 de junio de 2013

lunes, 17 de junio de 2013

La Habana no diluida de Pedro Juan Gutiérrez



Pedro Juan Gutiérrez, Centro Habana.


Cuentos o relatos de dos o tres páginas, escenas crudas de La Habana, de Cuba; quizás no aptas para todos los lectores. Algún vestigio de poesía, de simpleza, de una cotidianidad apabullante que aplasta y hace sangrar. Insuficientes e imprecisos adjetivos para acercarme a la literatura de Pedro Juan Gutiérrez (Matanzas, Cuba, 1950). Hace un año o dos una estudiante cubana del doctorado me escribió este nombre entre sus recomendaciones de la narrativa de su país, en ese entonces yo andaba un poco más propenso a leer a Wendy Guerra (La Habana, Cuba, 1970), ganadora del primer Premio de Novela Bruguera en el 2006 con su novela Todos se van (nota curiosa: se lee en los preliminares de la novela publicada que dicho premio se otorgó por un jurado único, el escritor español Eduardo Mendoza, lo anterior no le quita calidad a la obra pero si le agrega cierto morbo). De Wendy Guerra compré su novela sobre el itinerario de Anais Nin en Cuba titulada Posar desnuda en La Habana (2011) y de la cual no terminé del todo atrapado aunque completé todas sus 197 páginas. Ahora leo Todos se van y encuentro que se conecta de forma más directa con lo que por lo menos ahora quiero leer.

Veo en el Facebook fotos de La Habana, visitas, viajes que muestran un cielo muy azul, despejado y también una ciudad que pareciera que no terminara de descascararse nunca. La ciudad de Pedro Juan y de Wendy, la misma y diferente a la vez…

Por ahora escojo el paisaje que describe Pedro Juan, un paisaje un tanto diluido entre el asco y el denominado “realismo sucio” con que se nombra su literatura. Escojo un párrafo no sucio para lectores castos…si es que estos existen…

       “Cuando me quede solo tenía mucho tiempo para pensar en todo eso. Yo vivía en el mejor sitio posible del mundo: un apartamento en la azotea de un viejo edificio de ocho pisos en Centro Habana. Al atardecer preparaba un vaso de ron muy fuerte, con hielo, escribía unos poemas duros  (a veces medio duros, medio melancólicos) que dejaba por ahí, en cualquier lugar. O escribía cartas. A esa hora todo se pone dorado y yo miraba mis alrededores. Al norte el Caribe azul, imprevisible, como si el agua fuera de oro y cielo. Al sur y al este de la ciudad vieja, arrasada por el tiempo, el salitre y los vientos y el maltrato. Al oeste la ciudad moderna, los edificios altos. Cada lugar con su gente, sus ruidos y su música. Me gustaba beber el ron en el crepúsculo dorado y mirar por las ventanas o quedarme un buen rato en la terraza, mirando la entrada del puerto, con esos viejos castillos medievales, de piedra desnuda, que en la luz suave de la tarde parecen aún más hermosos y eternos. Todo eso me estimulaba a pensar con alguna lucidez. Pensaba por qué mi vida era así. Intentaba entender algo. Me gusta sobrevolarme, observar de lejos a Pedro Juan.”


Pedro Juan Gutiérrez, “El recuerdo de la ternura”. Trilogía Sucia de La Habana.





Entrevista Pedro Juan Gutiérrez

viernes, 7 de junio de 2013

Los sueños y la Johansson



Hoy leí en un diario que la actriz Scarlett Johansson presentó una demanda en la corte de París contra el escritor francés Gregoire Delacourt. Mejor dicho, demanda al editor del escritor francés que en su libro " La premiére chose qu´on regarde" (La primera cosa que miramos) detalla en su novela un personaje que recuerda o puede ser el doble de la actriz neoyorquina.


La demanda: “reparar los daños causados por la violación y el uso fraudulento de los derechos relativos a la personalidad” ?! de S. Johansson???

La nota dice que en su libro el autor descubre un encuentro entre un mecánico “parecido a Ryan Gosling” y una modelo que podría ser la doble perfecta de la Johansson (bueno la verdad no he leído el libro y no sé si el autor dice podría o es la doble perfecta). Pero el fondo del asunto es que el personaje masculino cree que la mujer es Scarlett Johansson y 60 páginas después este se da cuenta de su error y que dicha mujer no es otra que Jeanine Foucaprez.

Con esta absurda y disparatada noticia me doy cuenta que Delacourt es un superventas (best seller, 100.000 copias vendidas no sé dónde, pero vendidas) que ya había publicado en 2012 otra novela distribuida en 47 países titulada “La lista de mis deseos” y que está en proceso de ser adaptada para el cine.
Delacourt antes de ser demandado esperaba que “la primera cosa que miramos” fuera algún día llevada al cine con la Johansson en el papel estelar…??

Ahora si no sé qué pensar, ¿si se sueña con la Johansson no se puede entonces escribir o describir ese sueño en una obra de ficción? Negativo si se describe un sueño y negativo si se describe lo vivido… tal vez por esto Carlos Fuentes se gastó 232 paginas para repasar su historia personal con la actriz Jean Seberg entre los años 1969-1970 en su novela publicada en 1994 (La Seberg murió en 1979) titulada “Diana o la cazadora solitaria”, reemplazando el nombre de la Seberg por el de Diana Soren. En dicha ocasión la realidad, por lo menos la que describe Fuentes pasó al territorio nebuloso de los sueños. Curioso entonces ver una de las portadas del libro de Fuentes (no la de la primera edición) donde el rostro de la mujer es sin duda la misma Seberg. ¿Podría entonces Delacourt eliminar su referencia a la Johansson pero voltear a la mujer del vestido rojo de su portada hasta parecerse a la inocente esposa de Lost in Translation?


miércoles, 27 de marzo de 2013

Publicación en Antología: Notas Viajeras



File:CArlos Dussan Gomez Cali panoramica.jpg
Cali



Aprovechando un viaje a la Florida en el verano pasado, tomé en serio la propuesta de Juan de enviar una historia que tuviera como eje central el tema del viaje: uno real, imaginado o soñado. Revisé el blog de la convocatoria titulado Notas Viajeras y pensé en alguna idea para el texto. A parte de incluir (como siempre) ropa que no utilicé, así como un cuaderno delgado donde se escribiría el relato, decidí imprimir el cuento de García Márquez El avión de la bella durmiente (1982) con la romántica idea de leerlo, releerlo en algún trayecto del vuelo. Imprimí también otro cuento con el mismo titulado colgado en la red, este de un autor diferente como resultado de un taller de escritura creativa. Lo firmaba Hannah Unger y narraba el mismo viaje de París a New York pero a diferencia del de García Márquez en versión femenina. Con esos dos cuentos me fui y con un ejemplar de fin de semana del periódico The Globe and Mail que me duró todo el viaje hasta el regreso.

El viaje en avión fue placentero, el tiempo en las playas lo esperado y las carreteras no presentaron ningún contratiempo. Al final regresé sin nada escrito por supuesto y solo días después entre clase y clase de Gabriela de natación, fui escribiendo la historia del viaje, de un supuesto viaje realizado, imaginado o soñado como decía la convocatoria. Escribí sobre lo que recordé de hace mucho tiempo de mis barrios de infancia en Cali, de una novela que nunca se terminó, de alguien de nombre Valentina, del cine francés como siempre con la escena final de la Seberg en Sin Aliento (1960), cerrando sus labios y ese gesto de los dedos sobre su boca. Escribí de un viaje que nunca he hecho, del posible regreso a Cali y del regreso a un sitio nunca visitado, acaso un sitio solo leído. De todo eso se trata mi cuento publicado en la antología Notas Viajeras, nuevos autores latino-canadienses que enlazo a continuación.

El nombre del cuento: Viaje a Marshalltown.


Blog información del proyecto: Notas viajeras 
Dirección para adquirir la antologia: Broken Jaw Press Inc.


Jean Seberg, Sin aliento (1960)